
PSG remonta ante Marsella y conquista la Trophée des Champions en penales en Kuwait
Paris Saint‑Germain arrancó 2026 como terminó 2025: levantando trofeos. El equipo de Luis Enrique derrotó a Olympique de Marsella en la Trophée des Champions disputada en Kuwait, imponiéndose **4–1 en la tanda de penales** tras un intenso **2–2 en el tiempo regular**.[3][2]
El título supone el primer trofeo del año para PSG, que viene de lograr un histórico sextete en 2025, y extiende su dominio casi absoluto en la Supercopa francesa, con **12 conquistas en las últimas 13 ediciones**.[3][2] Para Marsella, en cambio, fue otro golpe doloroso en su intento por acabar con una sequía de títulos que se alarga desde 2010.[2][3]
El partido, que enfrentó al campeón de Ligue 1 (PSG) con el subcampeón (Marsella), se disputó en el Jaber Al‑Ahmad International Stadium de Kuwait, escenario neutral elegido por la liga francesa para seguir impulsando la marca de la competición fuera de Europa.[3][1]
PSG golpeó primero gracias a la jerarquía de **Ousmane Dembélé**, vigente Balón de Oro. Al minuto 13, una presión alta parisina provocó un error en la salida del portero Gerónimo Rulli, que dejó el balón a merced del francés en la frontal del área.[2][6] Dembélé, con mucha sangre fría, lo aprovechó con una definición de gran calidad para el **1–0**.[2][3]
Hasta entonces, Marsella había sido más peligroso. El equipo de Roberto De Zerbi generó las primeras ocasiones claras, incluyendo un cabezazo de Leonardo Balerdi que obligó a una atajada a quemarropa del guardameta **Lucas Chevalier**, uno de los nombres propios de la noche.[1][2]
En la segunda parte, el conjunto marsellés mantuvo su apuesta ofensiva y encontró premio en el tramo final. Al 76’, **Mason Greenwood** atacó un balón largo, se filtró entre los centrales y fue derribado en el área por Chevalier, acción que el árbitro castigó con penal.[3][2] El propio Greenwood se encargó de la ejecución y convirtió con un disparo colocado al poste izquierdo para el **1–1**.[3][8]
Lejos de conformarse con el empate, Marsella siguió empujando y logró voltear el marcador. Al minuto 87, **Hamed Traoré** desbordó por la banda izquierda y lanzó un centro tenso al corazón del área; en su intento por cortar la jugada, el defensor ecuatoriano **Willian Pacho** terminó empujando el balón en propia puerta para el **2–1** marsellés, mientras Pierre‑Emerick Aubameyang llegaba a cerrar la jugada.[3][2]
Cuando parecía que Marsella se quedaba con su primer título en 14 años, PSG encontró vida en el tiempo añadido. Luis Enrique recurrió al banquillo e introdujo, entre otros, a **Gonçalo Ramos**, movimiento que resultó decisivo.[2] En el minuto 95, un balón prolongado por Bradley Barcola cayó en el área para Ramos, que definió con contundencia para el **2–2** y forzó la tanda de penales.[2][3]
En la definición desde los once pasos emergió la figura de **Lucas Chevalier**. El portero de PSG atajó los dos primeros lanzamientos de Marsella, inclinando rápidamente la balanza a favor de los parisinos.[3][5] Del lado de PSG, los ejecutores mostraron calma: Nuno Mendes llevó la serie al 3–0 y, con Marsella muy presionado, el conjunto de De Zerbi apenas pudo convertir uno de sus disparos.[5]
Con el marcador 3–1 en la tanda, el joven **Désiré Doué** se paró frente al balón con la oportunidad de sentenciar. El mediocampista no falló: su cobro selló el **4–1 en penales** y el título para PSG, desatando la celebración parisina y dejando a varios jugadores de Marsella desconsolados sobre el césped.[3][5]
Para PSG, el triunfo confirma la continuidad de un proyecto que combina grandes figuras consolidadas, como Dembélé, con una base joven que ya responde en citas de máxima presión, caso Chevalier, Barcola o Doué.[2][3] El equipo mantiene la inercia ganadora tras el sextete del año pasado y arranca la nueva temporada con la confianza por las nubes.
Marsella, por su parte, dejó una imagen competitiva y valiente, capaz de dominar fases importantes del encuentro y remontar ante un rival que se ha convertido en referencia europea.[1][2] Sin embargo, la derrota en penales prolonga la espera de un título y refuerza la sensación de oportunidad perdida, especialmente por la ventaja lograda a tres minutos del final del tiempo regular.[3]
Más allá del desenlace, el clásico entre PSG y Marsella volvió a demostrar por qué es uno de los duelos más intensos del fútbol francés: goles, polémica, emociones y un guion que se resolvió hasta el último disparo desde los once metros.[2][4]
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